El Festival de Viña y la Reina (o de cómo una sociedad conservadora alaba a la más puta)

El Festival de Viña del Mar tiene muchas “tradiciones” que disfrazan de eventos importantes y con pinta de elegantes pero que solo sirven para confirmar lo picante que es todo el cuento, pues aunque la mona se vista de seda, mona queda, y que también impactan por el cómo esta sociedad casi puritana cuando se trata de temas sexuales, se deja engatuzar por las candidatas a “reina” del festival, ese burdel de mala muerte que queda en Viña y vuelve a vivir durante la última semana de febrero.

Primero está la “gala” con una alfombra roja que emula a los premio Oscar pero por donde pasa gente con menos mérito que una paloma y que solo se muestra para lograr alguna portada, ojalá con un escote hasta las rodillas y algún escándalo bajo la manga en caso de no funcionar lo primero. Ligada a esta celebración con tan poco estilo, está la elección de la “reina del festival” que no es otra cosa más que mujeres que aparecen en los medios por peleas y líos sexuales que muchos esconden porque decir a los cuatro vientos que Juanita Los Palotes es una prostituta de lujo sería una calumnia (¿será porque es prostituta a secas?)

El hecho de que Juanita Los Palotes sea o no prostituta a mí me importa un bledo; lo que me asquea, por un lado, es que sea parte del juego idiota de los medios que la ponen como un objeto de decoración donde hay más de 20 hombres babeando por ella para elegirla “reina”. Porque da igual que Juanita no pueda articular una oración coherente, lo que importan son las toneladas de silicona y la tintura amarillo choclo junto con la pose de barrio rojo de mala muerte que la catapultará a la portada de LUN. Eso le interesa a Juanita y eso es lo que quieren los medios, pues que haya algún tipo de reflexión durante los días del festival es una gran amenaza para los poderosos.

Lo otro que me provoca náuseas es el machismo patente que domina la televisión y nos refleja como sociedad. Ese machismo extremo donde solo importa la puta que sale reina y que ojalá no use la cabeza para nada más que para sujetar la corona; calladita se ve mejor, mijita. ¿Dónde queda el discurso del emprendimiento, el desarrollo y el país del primer mundo al que supone aspiramos? ¿Dónde están los valores que tiene la sociedad chilena si se objetiviza de esa manera a la mujer y la pacatería hace la vista gorda dejando pasar a estas putas mientras condena el matrimonio homosexual por considerarlo “inmoral y asqueroso”?

La elección de reina (la que sea) siempre me ha parecido horrible. Esa objetivización de la que es víctima la mujer por el solo hecho de ser mujer es una de las muestras de machismo más grandes que pueda haber. Y claro, hay gente a la que le gusta y se presta para el juego, pero en el fondo sabe que su fama tiene las horas contadas pues si ella deja de ser “bonita” (cosa que sucederá inevitablemente) ya no le quedará nada más en esta vida, solo los recuerdos de cuando un puñado de cavernícolas dejó atrás el moralismo con los que fueron criados y consideró que ella era la más puta de entre las putas.

(iba a agregar una foto pero era demasiado ofensivo para la puta reina)

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