El Factor X o El Factor Humano

Las tardes de sábado de mi infancia tienen como telón de fondo la voz de Don Francisco y el clásico programa de televisión que ahora conduce desde Miami. Mientras jugaba con mi hermano o mis amigas, el animador de Chile distraía a la teleaudiencia de la horripilante realidad nacional que en medio de una dictadura sobrevivía a la represión, al desempleo, los sueldos de hambre, los detenidos y los desaparecidos.

Recuerdo que el programa me generaba una cierta incomodidad que no podía precisar en esos años, inquietud que se manifestaba en todo su esplendor cuando llegaba la hora de los concursos en que los ciudadanos de a pie, simples mortales con ansias de fama y glamour, se presentaban como los igualitos a o trataban de demostrar su talento musical ante el Chacal de la Trompeta.

Siempre había entre la selección de candidatos un par que iban literalmente a dar la hora y que el animador subía al columpio mofándose de sus humildes intenciones de alcanzar quince minutos de fama…y entonces yo sufría, se me apretaba el pecho y la garganta al ver a un obrero de Conchalí desafinando mientras interpretaba al Puma o a una ama de casa de Puente Alto asegurando ser igual a la Chica de Rojo con 15 kilos más.

Entonces, en medio de la performance, el animador de Chile gritaba el ya clásico “paaaren la música” con un gesto de brazos y se dirigía al concursante para iniciar un interrogatorio con olor a ultraje, seguro de la complicidad de un público que explosaba en carcajadas ante cada ingenua respuesta. El animador dejaba en ridículo a quienes horas antes habían saltado de alegría cuando la producción del programa los había seleccionado para salir al aire.

Desde el clásico “Y a usted, ¿quién le dijo que se parecía a John Travolta?”, pasando por las mil caras de mofa del animador y la maldita trompeta del Chacal, todo me daba una rabia tremenda. La máquina del poder y los mecanismos de la tortura se transmitían – suavizados y maquillados – para la mayoría de los hogares del país: tal como los torturadores, el programa funcionaba en la dinámica de te premio y te castigo; tal como el Dictador, el animador detiene la música y saca del escenario a quien se le ocurra. Un verdadero circo romano.

El formato de Sábados Gigantes o Sábado Gigante (dependiendo de lugar de factura y emisión) no dió la talla de la democracia  a la chilena y fue perdiendo audiencia. La figura del dictador omnipotente no calzaba con el gusto de la nueva y pluralista teleaudiencia quien sin embargo sigue favoreciendo a la figura del patrón de fundo de Morandé y su Circo Freak.

Lo que se estila ahora es la mofa disfrazada de programa cazatalentos. Con franquicia comprada de ocasión, los canales de TV han armado un aparataje de multitudinarias audiciones para seleccionar a los mejores intérpretes quienes se presentarán luego frente a un jurado técnico y entendido para recibir crítica especializada, un veredicto y , eventualmente, alcanzar el éxito. Sin embargo, las producciones de estos programas siguen dejando entre los candidatos a dos o tres personas sin talento alguno y con evidentes muestras de estar seguros de que sí lo tienen. Son estos dos o tres quienes se exhiben con ínfulas ante el jurado y el público, para ser destrozados por los más nefastos comentarios del primero y ser blanco de las crueles burlas del segundo.

El canal de todos los chilenos no tiene empacho en mostrar la humillación a una señora que compró pasajes para ella y su madre desde Concepción para interpretar a su cantante favorita y ser así famosa.  Nadie se compadece de su cabello mal teñido o del atuendo que no la favorece, los tres puntos más de rating que pueda generar la silbatina del público y las risas del jurado ante su paupérrimo desempeño valen más que su dignidad. Pedirle a ella que no se exhiba sería absurdo. Pedirle que en medio del encandilamiento de ser escogida entre muchos – quizás por primera vez en su vida – mida las posibilidades reales de triunfar es imposible.

Y al día siguiente, el matinal de Chile repetirá hasta el cansancio las imágenes de la humillación de la señora y luego entrevistarán a un psicólogo infantil por el alarmante e inexplicable aumento del bullying en los colegios.

La sociedad escoge a sus víctimas.

 

 

 

 

 

 

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1 Comment (+add yours?)

  1. Catalina
    Mar 09, 2011 @ 10:46:36

    En gral estoy de acuerdo, por eso (y por otras cosas) no veo estos programas… pero igual creo que es la gente la que elige ir a participar a esos programas, puede ser verdad que se ciegan por ser escogidos, pero en primera instancia fueron a un casting… eso ya es la primera opcion…
    Me molesta que las cadenas hagan esto, lo encuentro cruel, pero tambien me molesta que la gente no tenga dos dedos de frente y se preste para el jueguito

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