Si no chorrea, no es Manhattan

(o Los ricos también roban)

Así reza el lema de una de las clásicas picadas sangucheras de Concepción -el Manhattan – y parece que es ahora también el nuevo (?) paradigma económico adoptado por Julio Dittborn  como se deja entrever en su columna Delincuencia y chorreo

Con una capacidad para despejar variables digna de campeón de ecuaciones, el señor Dittborn está convencido de que si no hay delincuencia en su “muy buen barrio” de Rochester en USA es porque hay chorreo. De acuerdo a esta unívoca relación, habiendo chorreo se acaba la delincuencia ya que la gente contaría con la plata constante y sonante para comprar cosas…porque los delincuentes roban para tener cosas.  Siguiendo la línea, en la medida en que en Chile seamos capaces de subir el sueldo mínimo y la plata chorree, disminuirá la delincuencia y la gente que vive en “muy buenos barrios” podrá dejar finalmente abierta la puerta del auto, tema que al parecer le quita el sueño al señor Dittborn.

Hasta el minuto, he leído muchas y muy buenas críticas al planteamineto económico del señor Dittborn, aclarando desde la ciencia “dura” algunas licencias teóricas en las que cae el ex parlamentario. Mi propósito aquí no es seguir en ese rumbo , lo mío no es la Economía (aunque algún día lo fué) sino el discurso: más allá de las imprecisiones (arrancadas con los tarros) me gustaría poner ojo en la conceptualización presentada.

Los conceptos

El señor Dittborn remite delincuencia sólo al grupo de personas que entran a robar a una casa particular o hurtan un auto. El resto de personas que cometen delitos – quedarse con el dinero de los jubilados, ulilizar información privilegiada para obtener ganancias vía inversiones, contaminar aguas afectando la vida de especies protegidas, abusar de niños y adolescentes escudados en una sotana – no son parte de la delincuencia. El delincuente, para Dittborn, es uno solo y no viste de terno y corbata ni juega golf ni participa en el directorio de una empresa importante.

¿Qué demonios es un “muy buen barrio“?, ¿es uno donde no tienes que instalar cerco eléctrico para que no te roben?, ¿uno donde la vecina te deja esperar en su casa cuando se te quedaron las llaves?, ¿uno donde el señor del almacén de la esquina te fía cuando no tienes plata? Mi vecina vende Avon y siempre llegan los pedidos cuando ella no está, tanto así que el distribuidor (Don Avon, dice mi hermano) está acostumbrado a que alguien de mi familia reciba la caja y firme los papeles…ya ni siquiera toca la puerta en la casa del lado.  Un barrio muy bueno está caracterizado, de acuerdo al señor Dittborn, por casas con garages y sin rejas; si usted vive en un DFL2 por mucho que tenga vecinos a quienes conoce, respeta y quiere no vive en un muy buen barrio. El barrio los hacen las casas y las cosas, no las personas.

De acuerdo a Dittborn, los delincuentes roban porque quieren tener más cosas a las que no pueden acceder porque carecen de dinero, hay un afán de acumulación. Como no se propone una distinción esencial entre los delincuentes y el resto de la población (eso ya sería de un carerrajismo hitleriano), uno podría inferir de la columna de Dittborn que todas las personas tenemos estas ganas de tener casas y cosas – de vivir en un muy buen barrio – pero que por cosas del destino (?!) a algunos les resultó fácil y bonito y a otros no (teoría del más apto?!). Si todas las personas funcionamos así, regidas por el afán de acumulación, es imposible que el chorreo funcione porque, tal como sucede en la realidad, los que tienen montañas de dinero no van a querer soltar ni uno sino construir otra montaña. Al comparar el monto del que se apropian los delincuentes  – definidos por Dittborn – con las cantidades del dinero ajeno robadas vía malversación, fraude al fisco o explotación de los trabajadores, es claro que los  últimos ladrones llevan la delantera y es claro también que a ellos el chorreo no los detendría porque se cumple la premisa anterior: a pesar de ser tipos con una situcaión económica de privilegio – viven en muy buenos barrios – no reparten sino que ellos también roban.

¿Entonces?

Considerando la diferencia en los montos pero la similitud en los afanes,  ¿no sería mejor establecer políticas de Estado firmes que les impidieran a algunos hacerse obscena y malamente millonarios en vez de esperar que la mano invisible arregle la cosa vía chorreo?

Por último, pero no menos importante, y esto ya en un prisma absolutamente personal, me parece asquerosamente impresentable que un ex parlamentario haga una reflexión pública en torno a la delincuencia y el chorreo (?!) a partir del anhelo personal de ir a comprar a la farmacia y dejar la puerta del auto abierta. Es evidente que en su muy buen barrio de Rochester no podrá pensar en las balaceras que acontecen en las barriadas y que dejan cabros chicos y dueñas de casa heridos, en los jubilados que reciben de su AFP una pensiónde siete lucas, en los clientes de las compañías de servicios que son timados y en los robos al patrimonio natural y cultural del país…de este país y también en el país del norte.

Lo único que chorrea, además del Mahattan,  es el seso de algunos que cada día están más tarados.

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