Latin America Also Has iPods*…so what?

Hace rato ya que le vengo dando vueltas al asunto de los intentos de (des) configurar la identidad latinomericana vía literatura. Es un bicho que me pica desde hace tiempo, desde el momento en que por los pasillos de mi “emblemático” liceo corrían los libros de Fuguet y choqué con él, de frente y a toda velocidad. Y mientras Don Beto se anotaba varios porotos entre mis contemporáneas – lectoras además de la Zona de Contacto – , a mí me costaba kilo y medio pasar del prólogo/presentación (no ficción),  lo que era más bien raro.

Esa incomodidad con Fuguet se enquistó precisamente a nivel prólogo y sus declaraciones de una América Latina de Mc Donalds y Macintosh , hermana  de la América sin acento, sin folklóricos Macondos y con nuevas y modernas capitales que rascaban el cielo en sus ratos de ocio existencial, ciudades habitadas por unos niños pudientes que parecían nunca correr detrás de la micro después de clases, como yo. Años luz me separaban de la América Latina descrita por Fuguet y su metrópolis McOndo, distancia sideral que yo achacaba a mi tendencia a vivir en un mundo paralelo sin MTV ni Rock and Pop.

Si las historias de Fuguet – como autor o compilador –  no hubieran estado precedidas de estas declaraciones sobre una pura gran América, lejos de la sospecha de que alguien nos USA, quizás podría haber resbalado por el tobogán de su lectura-ficción, pero sus palabras inaugurales resonaban página a página y yo me preguntaba en qué parte de América Latina estarían esos McOndos, esos personajes viajeros VIP, esas realidades con soundtrack, esas vidas de videoclip…¡’utha que es ingenuo uno a los quince!

Y me lo he seguido preguntando. Y las respuestas intra y extra diegéticas evidencian que la paridad entre las américas (con y sin acentos) no es ni será tal, que hay muchos latinoamericanos que no conocen el mar ni menos los rascacielos y que otros varios escribimos teniendo en la mente más que decidir si usar Mac o Microsoft.

Las últimas dos respuestas en torno a McOndo – muy disímiles por demás- me llovieron la semana pasada. Le pregunté a un querido amigo si había leído a Fuguet y , de ser así, qué le había parecido. Mi amigo respondió que, como yo, había leído a Fuguet durante su adolescencia y que no había tenido una experiencia placentera puesto que le había molestado la artificialidad en la pose de “intelectual cool” de Fuguet, misma pose que en su opinión tenían varios personajes de la época.

Paradójicamente, la expresión “cool” es usada por Marcelo Rioseco en su ensayo* para rescatar el valor de los escritos de no ficción de Fuguet y su influencia en los escritores post dictadura. Respecto a los lectores-escritores de Fuguet, Rioseco dice “sobretodo, pienso en los autores que no sólo nos ayudan a aprender  a escribir sino a vivir. Pienso en Chile, en Latinoamerica, y en la gente hip que quería ser cool cuando la palabra cool no estaba de moda, o simplemente no existía, o representaba a los Estados Unidos y no a la maltratada América Latina de las dictaduras militares“**

Que un escritor produzca para sus amiguitos no es asunto nuevo, mucho menos lo es que un escritor instaure la identidad de un pueblo a partir de la literatura A o B. Lo que (me) llama la atención de Fuguet es el momento histórico en que surge su declaración de principios, la constitución identitaria de su América Latina -llena de alusiones a Estados Unidos  y su cultura-  y el espaldarazo que recibió de los “mostros” editoriales. Para desligarse del los autores del boom y lanzar esta nueva propuesta, Fuguet hace la desconocida a varios aspectos si no representativos por lo menos muy comunes a los latinoamericanos y rellena los espacios resultantes con Hollywood y la cultura pop estadounidense.

El fenómeno de relleno o cita a la cultura pop con que se constitye esta nueva identidad latina resultaría, en palabras de Rioseco, altamente positivo  ya que no “tenemos que vivir sólo nuestras vidas planas y ordinarias, sino que él (Fuguet) nos permite vivir las vidas de otros, ir a otros espacios, recorrer el mundo, sentir aquello que nunca sentiremos” .

Creo que quizás aquí está la clave para ubicar la América Latina de Fuguet y su capital McOndo: un continente donde viven otros, en otros lugares, sintiendo otras intensidades que nos están vedadas a los latinos que vivimos en capitales como Asunción. Quizás el truco está en el iPod. Quizás deba enchufarme uno a las orejas y al escuchar la banda sonora correcta me sitúe en McOndo, un lugar donde los estadounidenses hablarán en perfecto español y yo en perfecto inglés dejando atrás la dinámica dominador-dominado, ellos sabrán tanto de Carolina Arregui como yo de Julia Roberts y mi dilema mayor al escribir no será tomar postura política ante las cosas que me suceden…y un buen día tendré esa banda sonora correcta bajo la piel, una muy cool música iPodérmica, me sentiré una de las heroínas de Fuguet y no tendré tanto conflicto identitario. Lucky me.

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*Esta reflexión en particular surgió a partir de la lectura del artículo Latin America Also Has iPods: The Non Fiction Books of Alberto Fuguet de Marcelo Rioseco

** Traducción mía. El texto original está íntegramente en inglés.

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1 Comment (+add yours?)

  1. mashgula
    Jun 02, 2011 @ 23:11:22

    Me carga Fuguet. Lo encuentro sobrevalorado y demasiado enojado con la cultura gringa, tanto que solo escribe de ella y su influencia, lo que me hace pensar que ese enojo es más una envidia de no ser gringo y ser un simple chileno. Me carga la gente que envidia a los gringos. Me carga Fuguet.

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