El Ciudadano Kaiser

En una columna publicada por el Diario Financiero que provocó repudio generalizado, el  abogado Axel Kaiser afirma que la raíz del actual debate en torno a la igualdad y la distribución de ingresos vía Estado está basada en una falacia: la igualdad como un bien.

Tras una cita a Marx y a Schoeck, Kaiser postula que la demanda por igualdad está en verdad comandada por la envidia que sentirían los sectores menos privilegiados respecto a los más acomodados, por lo tanto atender a ella como un objetivo deseable o un marcador de desarrollo para un país es inoficioso. Para ilustrar su argumento, se agarra del caso de Zimbawe, una nación que presenta mejores índices de distribución que Chile, pero que, en su opinión, no presenta una situación preferible a la chilena.

Así las cosas, Kaiser no ve razón alguna para escandalizarse por “que algunos tengan mucho más que otros, especialmente si todos tienen suficiente como para vivir dignamente. Salvo claro, que seamos envidiosos”.

Kaiser se cubre las espaldas respecto a las condiciones “para vivir dignamente”, argumentando que el problema de la pobreza en Chile no se subsana vía intervención del Estado si no aumentando la productividad. Los pobres lo son porque son poco productivos y la solución está en lograr que produzcan más para que puedan tener más y para eso se requiere de crecimiento económico y la reducción al mínimo de impuestos y acción del Estado.

Hasta aquí el resumen de Kaiser. Créame que me dolieron los dedos las escribir tanta patraña.

Resulta curioso que Kaiser escogiera para su columna la envidia de los pobres y no la codicia de los ricos. Dando vuelta su argumento, uno podría postular que el ser humano es intrínsicamente codicioso, que siempre quiere más y que es absurdo pensar que los ingresos se distribuirán vía chorreo: incluso cuando tengan muchísimo más que para vivir dignamente, los que reciben más ingresos siempre querrán tener más y más. En este escenario dominado por la codicia y el afán acaparador, se haría absolutamente necesaria la intervención de un Estado que equilibrara la situación, recolectando parte de los que tienen más para distribuirla entre los que tienen menos.

Podría contra argumentarse entonces que los que “tienen más” se lo merecen porque “producen más”. Para responder podríamos mirar nuestro terruño y ver como funcionan las cosas aquí: 4 familias en Chile tienen una fortuna equivalente al 80% del ingreso anual de la población y es evidente que para obtener esas obscenas ganancias  se necesitan hartas manos, muchos trabajadores. Y entonces las preguntas ¿recibirán  esos trabajadores lo que les corresponde por producir una montaña de plata?, ¿sus sueldos se corresponden a su esfuerzo, pueden llegar a una casa calentita, comprar frazadas al contado, ir al cine una vez al mes o comprar el jarabe para la tos del hijo?…todos sabemos la respuesta: $172.000.

Creo, humildemente, que para construir una sociedad decente tenemos que salir de la dinámica de envidiosos versus codiciosos y apelar a aquellos ideales que sustentan la democracia, la igualdad entre ellos.

Hace mucho tiempo fue un abogado indio el que dijo que la pobreza era la peor forma de violencia. Ese mismo abogado dejó su casa en Inglaterra, su puesto en una gran compañía, un sueldo abultado, el prestigio de abogado y su ciudadanía británica para ir a vivir al campo, cultivar su propia comida y fabricar su propia ropa…todo esto porque le parecía preferible vivir en condiciones de pobreza e igualdad junto a sus 300 millones de compatriotas que saberse privilegiado en medio del sufrimiento ajeno.

Dudo que Kaiser tenga un gesto como el del abogado indio, tampoco lo espero…sólo quería ilustrar que, aunque Kaiser no lo crea, habemos personas que preferimos dejar de tener algunos beneficios para asegurarnos que en la próxima ida al cine podríamos encontrar al auxiliar del aseo y sus hijos.

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1 Comment (+add yours?)

  1. JP Bravo M
    Jun 24, 2011 @ 23:59:33

    Un dato que siempre me ha parecido relevante: Chile es un país de economía primaria, y nuestra mayor riqueza es el cobre y luego los bosques. Si 80% de la riqueza la concentran 4 familias, es imposible que esas personas sean las dueñas legítimas de la tierra y sus recursos. Por eso me parece tan absurdo sostener en este país un argumento de “los pobres lo son porque son flojos”; para mí los ricos lo son porque supieron cómo y cuando robar, “la ocasión hace al ladrón”, dicen por ahí.

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