Si mostra la sorte

*

Hace ya tres meses que debo subir la bicicleta hasta mi departamento, se han robado varias y no puedo perder la mía. Entro apenas, tratando de no golpear los muebles. Abro la ventana y veo el sol ponerse tras la nata gris sobre la ciudad. Me encantaría tener una terraza, nunca he vivido en un lugar con terraza. Prendo la radio, su voz profunda satura los parlantes… hemos escuchado Lenore Sinfonía nº5 de Joachim Raff, Orquesta Sinfónica de Bamberg dirigida por Hans Stadlmair, cierro los ojos.

Hoy, saliendo de la pega en el lavaseco, recogí un volante en colores. Aparece Leonora Osorio sólo con la parte de abajo de un bikini blanco, exhibiendo orgullosa las tetas que le regalaron a los quince, en la mano derecha tiene un auricular rojo con cable espiral, de los antiguos. Dice “Hot Line. Llámame, te espero” y un número de teléfono, uno de los dígitos está encerrado en círculos hechos con lápiz de pasta negro. Creo que no tuve fiesta de quince.

Pronto tengo que salir al turno en la otra pega, así que preparo un tazón de té y una marraqueta con dulce de membrillo. Me siento junto a la ventana abierta, saco el volante y lo pongo sobre la mesa, el papel es suave, delgado y resbaladizo, me gusta. Presto atención a la radio, sonrío… a continuación Estudio para corno y cuerdas nº 2 de Luigi Cherubini, Academia de Saint Martin in the Fields, dirige Neville Mariner.

 **

Llego atrasada. Aseguro la bici y entro corriendo hasta el camarín de la pizzería para cambiarme aunque sé que el turno estará flojo hoy. Alguien se está duchando. En una de las paredes hay pegados varios afiches de modelos posando en mínimas versiones del uniforme de la selección nacional de futbol, entre ellas Leonora. Comienza a acumularse el vapor y mientras me quito la ropa observo atenta el cuerpo de la leona. No puedo evitarlo, me acerco medio desnuda a la imagen hasta tenerla frente a mis ojos, su cuerpo perfecto desaparece por momentos entre la neblina, extiendo el brazo y con el índice dibujo sus curvas. Me visto también de uniforme. Yo nunca he estado en un sauna.

Veo tras el vidrio de la cabina a los repartidores y al pizzero jugar dudo en la cocina, han sintonizado el televisor en el canal de Leonora Osorio, tal como el resto del país. Alcancé a leer en la portada de  La Espectacular que hoy Leonora hará finalmente el esperado topless frente al público. Hace más de un mes que vienen anunciando el show y nada, nunca pasa nada, pero se supone que ahora va, porque el conductor  del estelar de los miércoles se ha comprometido con el dueño del canal a programar la performance pasada la medianoche.

Entra una llamada, piden dos pizzas, que deben llegar antes del show de Leonora…cuelgo con rabia, tanto escándalo por un par de tetas falsas. Paso  indignada orden a la cocina y subo el volumen a la radio, es el momento preciso… en los próximos veinticinco minutos escucharemos Salomé, interpretada por Catherine Malfitano, Keneth Riegel y la Filarmónica de Viena, dirige Christoph von Dohnányi.

No es primera vez que Leonora hace un topless. El manager explicó a la prensa que la foto del volante era trucada, que no se compara al original, “a la perfección hecha mujer que es Leonora Osorio” dijo el muy cursi, saco el papel del bolsillo de mi pantalón y lo miro de cerca, nada. Veo en el televisor al público eufórico, el animador da vueltas por el escenario seguido paródicamente por un hombre vestido de pájaro multicolor, Leonora saldrá en cualquier instante. Vuelvo a observar las curvas de la tipa y me pregunto quién será la leonora que contesta la línea caliente. Tomo el auricular y marco.

– Aló. Buenas noches – Lo reconozco…escuchamos obertura Opus 62. Cuelgo.

Vuelvo a marcar.

– Aló. Buenas noches, ¿puede oírme? – Definitivamente es él, Patricio.

­– Sí…discúlpeme, ¿con quién hablo?

– ¿Con quién desea hablar usted?

– ¿Es la…casa de Leonora Osorio?

– No, me temo que no. ¿Llama usted por la línea caliente?

– Estee…sí –  Los nervios me hacen parecer psicópata, respiro profundo.

– No se preocupe, siempre sucede, aunque es la primera vez que llama una mujer. Verá:

la  imprenta que desarrolló los volantes de la línea caliente  se equivocó en uno de los

dígitos y en una partida de ochocientos volantes figura mi número de teléfono.

–  Chuta, yo…­

–  Normalmente me molestaría, pero justamente hoy mi abogado me ha informado que gané el  juicio y que seré indemnizado por las molestias que esto me ha traído – escucho su risa clara, sonrío, me relajo –  Hoy me hace hasta gracia el equívoco.

–  Discúlpeme, yo en verdad no…

­–  Le repito, no se preocupe –  su voz es calma y profunda, tal como en la radio –  Ya está todo solucionado. El volante del cual usted tomó este número es uno de los últimos en circulación o al menos eso me han dicho.

­– Ah…¡qué bueno!

–  ¿Me permite una pregunta?

–  Eeeh…sí, claro.

– ¿Por qué llamó a este número?

–   …

– ¿Aló?

–  Sí, estoy aquí ­… es que yo…lo que pasa es que yo quería saber quien respondería el teléfono si  Leonora Osorio está al aire.

– Comprendo, lo del topless televisado. La verdad, no tengo ni la menor idea. Imagino que habrá operadoras trabajando por turnos, no creo que la señorita Osorio se aparezca siquiera en el recinto donde funciona la empresa de llamados. De todas maneras, y para  responder a su  pregunta inicial, usted habla con Pat…

–  Sé quien es usted. Lo reconocí de inmediato, siempre lo escucho.

– ¡¿De veras sabe quién soy yo?!

–  ¡Qué vergüenza! Discúlpeme, de todas las personas tenía que molestarlo justo a usted que es tan…tan absolutamente soberbio

– No se avergüence, no se imagina la cantidad de llamados y de improperios que he recibido por no ser la señorita Osorio. De hecho, es la primera vez que  se disculpan y  encima me halagan. He tenido suerte hoy…

–  Es que usted es un hombre serio y lo llaman por teléfono con esta tontera…

–  Quizás le parezca curioso, pero justo hoy, que se ha solucionado el problema, he estado dándole vueltas al asunto de las líneas calientes…

– ¡¿Usted?!

–  Sí, la verdad es que me parece muy natural que las personas demanden este tipo de servicios, la palabra es altamente erótica.

–  Sí, es verdad

–  Me pregunto, sin embargo, ¿cuál será el tono de este tipo de conversaciones?

–  No sé, yo nunca he llamado…bueno, excepto hoy.

–  Yo tampoco he llamado, pero creo que por mi profesión yo no sería el que contacta sino el contactado, como ahora.

–  Sí y yo sería el cliente­ – Me sonrojo, no quería que él escuchara eso

–  Mire, yo creo… me parece injusto que su primera experiencia con este tipo de servicios haya sido tan desafortunada. Si me permite, me gustaría leerle algo a modo de consuelo, ¿es posible?

–  Sí…supongo que sí.

–  Déme un segundo.

Siento el sonido del auricular contra la madera. No puedo creerlo, va a leer algo para mí. Lo imagino sentado en un sillón elegante y cómodo en una pieza cálidamente iluminada. Bañados en luz anaranjada, estoy tendida a sus pies en la alfombra mullida, sus zapatos están prolijamente lustrados, percibo un cascabel bailando en mi cuello. Alguien más dirá en la radio escuchamos La condenación de Fausto de Héctor Berlioz…

– ¿Sigue usted ahí?

­– Sí, aquí estoy.

– Bien. Voy a leerle uno de mis fragmentos favoritos de la literatura erótica, espero le agrade. Es la primera vez que oficio de operador de una línea caliente:

“Reconozco que no resultaba nada fácil, pero intenté enseñarle a tener en su boca la  ostra y el líquido, utilizando la lengua a modo de muralla para impedir que el líquido entrara en la garganta…El azar quiso que una pequeña ostra que yo estaba poniendo en los labios de Emilia cayera en su escote. Cuando hizo ademán de recuperarla, reivindiqué mis derechos sobre aquella ostra. Ella cedió y me dejó desatar los cordones de su blusa y permitió que mis labios recuperaran la ostra de las profundidades en las que había caído”. Giacomo Girolamo Casanova, Historia de mi vida.

 Su voz desierta me ha abierto el chaleco y desabotonado la blusa exhibiendo el contraste entre la malla púrpura de la camiseta de nylon y la piel pálida. En respuesta, los pezones se insinúan en rosa coronando la redondez de mis pechos. Escucho mi respiración en el auricular.

– ¿Qué le pareció el relato?

–  Es muy bueno…yo…yo nunca he comido ostras.

–  Es una pena porque son deliciosas…¡sobre todo servidas a la manera del relato!

Reímos de manera relajada. Me reclino en el sillón, río… escucho sus carcajadas hondas en el teléfono…me siento increíblemente bien, llevo mi mano a la blusa y tiro de la tela arrancando los botones que aún resistían, echo la cabeza hacia atrás como si él pudiera verme, él sigue riendo, casi no puedo afirmarme al sillón, en cualquier momento voy a caer.

– Ha sido realmente un placer hablar con usted.

– Para mí también, gracias por la lectura

– Gracias a usted por llamar. Que pase una buena noche.

– Usted también.

– Adiós, señorita.

– Adiós, Patricio.

Desde la cocina me miran el pizzero y un repartidor, han dejado la transmisión de la Osorio y gesticulan apuntando a mis mejillas y mis tetas.  Me llevo las manos a la cara, ardo

***

Los sábados siempre llegan cerros de ropa al lavaseco, es el día más ocupado. Es temprano aún,  reviso prendas de espaldas al mostrador mientras Gustavo repasa las entregas de hoy. El ruido de fondo de las secadoras es interrumpido por el tintineo metálico del colgante en la puerta.

­­– Buenos días, caballero.

– Buenos días. Me dijeron que ustedes se especializan en telas delicadas y manchas difíciles.

Escucho en mi cabeza Si mostra la Sorte, Aria para Soprano. Köchel Verzeichnis 209.

– Así es, puede dejar su prenda con confianza, somos expertos. ¿De qué es la mancha?

– De ostras, jugo de ostras.

Volteo. El está allí, frente al mostrador. Respiro profundo, cierro los ojos, escucho la música en mi cabeza, inspiro.

–Yo nunca he probado las ostras ni llamado a un teléfono caliente.

Patricio me mira incrédulo… sonríe.

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